domingo, 4 de abril de 2010

Para La Nación los limpiadvidrios, trapitos y encapuchados son “plagas” y “lacras”

El diario La Nación en su editorial de hoy asegura que limpiadvidrios, trapitos y encapuchados son “plagas” porteñas.
De las seis acepciones que arroja el diccionario de la Real Academia Española (RAE) sobre la palabra clave plaga, hay tres que son a las que parece referirse el diario :

1)La aparición masiva y repentina de seres vivos de la misma especie que causan graves daños a poblaciones animales o vegetales, como, respectivamente, la peste bubónica y la filoxera.

2)Una calamidad grande que aflige a un pueblo.

3)Abundancia de algo nocivo, y, por ext., de lo que no lo es.

Además al final del artículo señala que son “tres lacras de la vida cotidiana”. En este sentido desconozco si hace referencia a lacra como secuela o señal de una enfermedad o achaque; vicio físico o moral que marca a quien lo tiene o, en su defecto, como persona depravada.

También en el artículo el diario llama “hipócritas” e “intolerantes”a los legisladores que se oponen al proyecto de Mauricio Macri para modificar el código contravencional

A continuación los párrafos más duros contra limpiadvidrios, trapitos y encapuchados:

La desfachatada conducta de los "trapitos" no sólo está tarifada, sino que, además, desprecia las monedas y, en cambio, exige billetes contantes y sonantes, sería menester ponerlos en conocimiento de esas modalidades callejeras y, asimismo, notificarlos de que los desprevenidos conductores que omiten pagar tan extemporáneo tributo suelen encontrarse con sus autos rayados o, en su defecto, con los neumáticos desinflados".

“No menos peligrosa es la actividad de los limpiadores de parabrisas, quienes de manera muchas veces prepotente imponen sus pretensiones incluso a los que rechazan su "ayuda": ocurre que en ciertos parajes de la ciudad, los supuestos limpiavidrios suelen ser la vanguardia de la comisión de arrebatos por sorpresa o a mano armada”.

“En cuanto a los piqueteros encapuchados, el derecho de manifestarse libremente está garantizado por la Constitución nacional, es cierto, pero con la razonable reserva de que no debe vulnerar derechos ajenos. La intimidante apariencia de esos manifestantes amedrenta y, sobre la base de la pura prepotencia, fuerza las clausuras frecuentes y extemporáneas de la vía publica, llevadas a cabo en contra de la voluntad mayoritaria de la población”.

“La oposición legislativa parecería dispuesta a llegar al extremo de rehuir el diálogo democrático, padre de la convivencia social, y estar dispuesta a apelar a la acusación careciente de fundamentos dictados por el sentido común. Elude la búsqueda del consenso y opta por una parcializada argumentación, que, salta a la vista, no se condice con la realidad, puesto que sin avergonzarse ampara a tres lacras de la vida cotidiana en la ciudad de Buenos Aires”.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Comentarios y sugerencias