domingo, 1 de agosto de 2010

Chocar con la realidad social: clase media vs cartoneros

Lo que sigue lejos esta de ser una nota sobre cómo dicen o deberían decir los políticos. Y surge de la necesidad de compartir una experiencia de esas que nos chocan con lo que definen como "realidad social". Esas experiencias que nos llevan a plantearnos durante algunos días qué carajo estamos haciendo como sociedad. Son experiencias que golpean como un puñetazo en el medio de la nariz dado por Mike Tyson.

Desde la última campaña que me tocó participar en Santa Cruz el 2007  que no me golpeaba  uno de los tantos "pequeños relatos" de la cotidianeidad. Aquella vez recuerdo que fue en un barrio de extrema pobreza en Caleta Olivia, al norte de la provincia santacruceña, en la casilla de una familia de 10 personas que tenían condiciones materiales precarias. El golpe siempre es más doloroso cuando surge la comparación con la vida que lleva uno. Ahí se lavaban los pañales descartables; esos que una familia de clase media usa y tira diariamente. Cualquier tipo que todos los días realiza trabajos sociales en alguna villa miseria de nuestro país lo vive y sabe de que hablo.

Hoy a las 20:30 por Caballito (Comuna 6) salí a dar una vuelta en bicicleta como lo hago habitualmente "para despejarme" de la jornada laboral. La única diferencia fue que decidí tomar otro camino. Y cuando me dirigía hacia el puente Cacho Sacardi me tope con una pelea entre dos hombres. Uno de ellos era un cartonero que estaba con una niña de aproximadamente dos años (la misma edad que mi hijita) y el otro era un hombre de clase media (que tranquilamente podría haber sido yo) que estaba acompañado con una mujer que trataba de estacionar su auto. El cartonero le gritaba desesperado: "pará que estoy con una nena" . El otro arremetía y forcejeaba. Yo hacía cinco minutos ( mi padre diría con el grado de irresponsabilidad y locura que me caracteriza) que había dejado la bicicleta en la vereda de enfrente para intentar separar a los hombres.

De reojo miraba a la chiquita llorar y me venía a la cabeza que mi hija estaba en casa recién bañada con su madre y su hermano. El hombre de clase media decía que el cartonero había golpeado el auto de la mujer por su condición de sexo femenino y seguía tirándole golpes.

Me podría poner analizar cómo decía el cartonero y cómo lo hacía el hombre de clase media pero no aporta nada y no tengo ganas. Para los que les interesan las diferencias de clase les recomiendo Pierre Bourdie, Claude Grignon y Jean Claude Passeron.

En un momento logré separarlos y mientras cruzamos la calle junto al cartonero y la niña este le grita al hombre de clase media que volvería a romperle todo el auto. "Voy a llamar a la policía", decía la mujer. En Yerbal y Nicasio Oroño dejé a la niña llorando junto al que parecía ser su padre y seguí camino hacia el Parque Centenario. No podía parar de pensar en todo lo que nos podía haber pasado. Un piedrazo, un botellazo mal dado, un golpe a la niña, etc. Mi cuerpo estaba cargado de adrenalina y se me venía a la cabeza qué mierda estamos haciendo como sociedad para que pasen estas cosas. Pero la escena quizás hubiera sido más leve si pudiera haber evitado observar cada una cuadra a familias enteras cartoneando o revolviendo la basura.

Pedaleaba y me preguntaba: ¿Cómo puede ser que esta gente no se canse de tener que estar sobreviviendo todo el tiempo? ; ¿Qué mierda significa para los políticos decir que "estamos mejor"? ; ¿Qué puedo hacer desde mi lugar para cambiar algo? ; etc. Soy de los que creen que para cambiar las cosas hay que tener el poder político para hacerlo pero me preguntaba: ¿por qué toda la gente que ha tenido poder no ha logrado cambiar las cosas? ; ¿Tiene solución?

La realidad social (no empecemos con el debate sobre la construcción de la realidad ) me señalaba que en uno de los barrios donde se vende el metro cuadrado más caros en la ciudad hay cada vez más y más gente cartoneando para sobrevivir. No quisiera escuchar en este momento ningún comentario oligarca del estilo "pero esa gente no es del barrio" o "vienen del conurbano". Lo sabemos y el foco está en preguntarse no de dónde son sino porque cada vez parecen ser más.

Siempre recuerdo la entrevista que le hice al gran periodista Armando Vidal para mi tesis de la facultad cuando resaltó el trabajo de los cartoneros. "A mí me parece fundamental agregar (en diciembre de 2001) la irrupción en escena de los cartoneros. Porque así como sonaban las cacerolas, de golpe emergieron como cucarachas, y digo como cucarachas, porque estaban vestidos de negro con bolsas negras y caminando entre la basura. Era una imagen del medioevo. Y en esa gente estuvo la semilla de la dignidad de los argentinos. Hay que reivindicar, en medio de la crisis, a quienes no protestaron por sus ahorros cautivos, no saquearon y no tomaron calles. Salieron a buscar su pan moviendo la basura. Si hay algo que rescato, como lo hago hoy en día, es a quienes están trabajando en la calle", me dijo Armando Vidal ya hace casi tres años.



 Sin dudas son familias admirables que en el lugar de robar salen a remarla todos los días. La semana pasada tuvieron una buena noticia. Fue porque, por primera vez, la Ciudad de Buenos Aires delegará formalmente la recolección de los residuos reciclables en las cooperativas de cartoneros, que de esta manera compartirán el sistema público de recolección de residuos con las empresas concesionarias.
Ya pasaron tres horas. Seguramente se haga una noche dónde me cueste dormir. Sigo pensando : ¿Qué y cómo hacer algo para cambiar esta problemática? Mi mujer se acerca y antes de irse a descansar me despide: "no te deprimas", me dice.

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