viernes, 15 de junio de 2012

¿Sofistas del siglo XXI?


Muchas veces me han preguntado si era periodista. Al principio me costaba explicar porque no lo era. Luego de un tiempo cuando supe contar a que me dedicaba llegaron las preguntas de cómo podía trabajar para tal o cual cliente o asociaban trabajar para un cliente con “pensar como el cliente”.

Voy a tratar de contar a qué me dedico. Esencialmente en asesorar en temas de comunicación. Fundamentalmente, comunicación política y comunicación para situaciones de crisis.

Lourdes Martín Salgado explica que uno se dedica a crear un discurso que sea eficaz para diferentes auditorios y destinatarios. Y agrega que como lo sofistas solemos recibir alguna critica por el carácter “mercenario” y “pragmático” de la profesión.

Suelo dejar en offside al común de la gente cuando cuento que he trabajado y trabajo para diferentes partidos que van desde el peronismo de “izquierda” hasta el PRO.

Considero que un asesor de comunicación no debe odiar pero tampoco fanatizarse con el cliente. No ser opositor ni militante del cliente. Eso nos permite hacer lo que planificamos y decir nuestras opiniones/ pensamientos sin ningún tipo de duda y evitar cualquier especulación.

La cuestión es que a esta profesión la crearon los yanquis y la llamaron marketing político. Mis compañeros dirían que soy un egresado de Ciencias Sociales de la Universidad pública que se vendió al imperialismo yanqui. Pero bueno. Como el marketing buscamos persuadir, tenemos un público, competidores, etc. Pero para explicar la diferencia entre ambos no recurro a ningún manual sino a una situación muy llana de la experiencia en el campo.
                                             
La principal diferencia entre el marketing de productos comerciales y el político es que un medicamento, un perfume o un auto nunca hablarán  en cambio los políticos si. Y aquí es donde se complejiza la situación sobre todo en momentos de crisis o periodos de elecciones donde abundan los debates. Hay ejemplos de sobra en que políticos han echado por la borda meses de campaña y estrategia por un simple exabrupto. Esto jamás sucederá con un producto que se vende en góndola.

Espero haber sido claro.