domingo, 30 de noviembre de 2014

Comunicar abismo no es noticia

En los últimos meses hemos visto y oído a dirigentes políticos de la oposición y en los medios de comunicación críticas al kirchnerismo por lo que denominaron “meter miedo en la ciudadanía” por lo que ocurrirá con el recambio del 2015. Sin embargo, esta no ha sido una estrategia exclusiva del peronismo ni de este Gobierno.

Ya a fines de 2001 se podía escuchar a la Alianza señalando que “si no había ajustes el país sería un caos”. Resultado: se hizo el ajuste y el caos igual llegó.

En junio de 2009, durante las elecciones legislativas, nuevamente varios políticos quisieron advertir sobre el riesgo de caos. Por aquellos días el ex presidente Néstor Kirchner, en su rol de candidato a diputado por la provincia de Buenos Aires, decía que “si el 28 de junio Cristina (Fernández) no tenía mayoría legislativa volvíamos al país del 2001, volvíamos a que el país explote”. Resultado: el kirchnerismo perdió la mayoría en ambas cámaras legislativas pero no hubo caos y, por el contrario, gobernaron por un período más.

También en 2009 el candidato de Unión Pro, Francisco De Narvaéz decía: “Si Kirchner gana en la provincia, va a haber intentos de estatizaciones y arremeterá contra la propiedad privada. Va a avanzar sobre los bancos y sus depósitos, porque necesita plata, y también contra los medios de comunicación”. Resultado: el kirchnerismo no ganó pero igualmente hizo algunas de las cosas que señalaba y advertía De Narváez. Pasó a manos del Estado algunas empresas y arremetió contra algunos medios.

La versión 2014 de este “meter miedo” la inauguró el militante kirchnerista, Alex Freyre, enfermo de HIV, cuando manifestó públicamente al actor Aníbal Pachano, quien sufre la misma enfermedad, que ambos morirían en 2016, si Massa o Macri llegasen al poder, porque se les pagaría a los fondos buitre y entonces no habría dólares para importar los medicamentos. También se sumaron los gobernadores de Tucumán y Entre Ríos, José Alperovich y Sergio Urribarri, cuando señalaron que si no se votaba al proyecto se terminarían las pensiones, la asignación universal por hijo y los remedios en los hospitales.

En esta oportunidad, la estrategia del miedo tiende a cosechar efectos contraproducentes por dos motivos. Por un lado muestra debilidad del Gobierno, que debe recurrir a declaraciones alarmistas para mantener su iniciativa pero sobre todo porque, la mediatización de la “amenaza”, no hace más que exponer la posibilidad de que sea rebatida por la oposición. Los opositores rápidamente salieron a comprometerse en público, por ejemplo, con la continuidad de los planes sociales.

Según enseña la experiencia, si se elige sembrar el miedo como táctica de campaña se debe tener en cuenta la respuesta de los oponentes que desmentirán la especie. Otra cosa diferente ocurre cuando se infunde temor en el “boca a boca”. Ahí, la campaña suele ser más efectiva porque no tiene intermediarios. Mediatizar la amenaza, por el contrario, expone fácilmente a que el mismo vecino que escucha al puntero asocie su mensaje al de los voceros oficiales que lo propagan por los medios y deje de creerle.