viernes, 22 de mayo de 2015

Randazzo: otro que insulta en lugar de atacar

"De cara a las elecciones de 2015 todavía a gran parte de los políticos argentinos les cuesta comprender que atacar al rival no implica insultarlo" , así arrancaba la nota que publicamos en Perfil bajo el título Atacar no es insultar

Ahí también decía  que "el insulto nunca es bien recibido y, por el contrario, hace que los ciudadanos y votantes se enojen y elijan a otros candidatos".
Lamentablemente el ministro del Interior y Transporte y precandidato presidencial por el Frente para la Victoria, Florencio Randazzo, no lo entiende así. El sábado pasado, durante un encuentro con el grupo de intelectuales de Carta Abierta,  habló de un proyecto "manco", en lo que fue interpretado como una burla directa hacia Daniel Scioli.
Ayer arremetió contra  Karina Rabolini por quedar al borde del llanto tras los dichos sobre su marido: "(Rabolini) se largó a llorar y hace una semana estuvo en lo de Tinelli donde lo imitaba un manco que le tocaba la cola. Había un imitador manco en lo de Tinelli, lo vio el país, donde supuestamente con la mano ortopédica le tocaba la cola a Karina, y no la vi llorar", señaló.

Los ciudadanos no actúan frente a la política como si estuvieran viendo una pelea de boxeo. El votante no suele premiar al que más fuerte grita ni a los políticos que más se enojan. En la política, como en cualquier actividad que se realiza, el que se enoja termina perdiendo, y los candidatos tampoco son un excepción.
Los insultos, a diferencia de los ataques, son una falta de respeto. Los ataques, en cambio, pueden ser herramientas que se usan en una estrategia de campaña para debilitar y derrotar al oponente. Mostrar las contradicciones, entre lo que dice y lo que hace un rival, es una forma de atacarlo sin tener que insultarlo. Un candidato puede mostrar que su rival dijo que está a favor del aborto pero, cuando se votó la ley de aborto no punible, lo hizo en contra. De esa manera está atacando al rival con un dato concreto que le hace más daño que un simple insulto.
En resumen, Randazzo le apunta solo sus votantes duros sin darse cuenta de que, para ganar una elección, necesita de todos.

sábado, 2 de mayo de 2015

Fernando Rodeles: "Discursos para el voto electrónico"

La implementación de la Boleta única electrónica (BUE) en las PASO de la Capital (de manera provisoria) y de Salta dejaron más dudas que certezas y dispararon una fuerte discusión discursiva con respecto a velocidad, transparencia, y seguridad del sistema.
El discurso del proveedor del servicio. Para ambos distritos fueron las palabras del Grupo MSA. La firma, en tono defensivo, apuntó contra los críticos de la BUE diciendo que querían volver al “voto papel” para garantizar el “voto cadena” que, según la empresa, no garantizaba la transparencia del comicio. 
En segundo lugar apareció el del contratante del sistema. El gobierno de la Ciudad, en menor medida, y sobre todo el de Salta, en sintonía con el proveedor, elogiaron la rapidez y transparencia de las urnas electrónicas. Los de Salta acusaron a su principal competidor, Juan Carlos Romero, de “mal perdedor” y encararon una campaña en los medios nacionales y locales. La misma incluyó al Ministro, Eduardo Sylvester, y al vocero de la firma, Nicolas Deane, negando maquinaria obsoleta y mostrando la facilidad del uso del sistema.
El tercer discurso es el del que padeció o podría padecer a la boleta electrónica. Aquí están los votantes que protestaron por la falta de capacitación en el uso y por las irregularidades de las maquinas. Pero también las palabras de los opositores al Gobierno contratante. Todo el arco opositor, pasando por el salteño Romero hasta el candidato de ECO, Martín Lousteau, enfocaron las criticas explicando que “más velocidad no es mayor seguridad”.

El cuarto discurso es el de los especialistas. Aquí predominaron los textos de expertos en transparencia e informática como Delia Ferrerira y Javier Smaldone respectivamente y las Ongs Poder Ciudadano y la Fundación Vía Libre. Los reclamos apuntaron a que la boleta electrónica dificulta la participación ciudadana en el control, pone en riesgo el secreto del sufragio y privatiza las elecciones tercerizando en una empresa la implementación del acto electoral. De esa manera,en el mercado de los expertos, predominaron las críticas con excepción de Poder Ciudadano que señaló “fortalezas y debilidades” del sistema.
Sin embargo, el que sorprendió fue el que podríamos denominar como doble discurso entre lo verbal y corporal. Aquí se destacó el jefe de Gabinete , Anibal Fernández, que desde lo verbal ratificó su oposición con un renovado de que “cada urna electrónica tiene un software y ese software puede decir lo que nosotros le queremos hacer decir.Es peligroso desde cualquier punto de vista porque uno pierde el control de lo que está haciendo”. Sin embargo, el 12 de abril pasado, luego de las elecciones de Salta, lo discursivo no fue acompañado por lo corporal. Ahí se pudo ver a un exultante Fernández que, a diferencia de un serio Juan Manuel Urtubey, festejaba que el kirchnerismo había salido primero en la PASO. Definitivamente y, más allá de que en nuestra Argentina solemos celebrar hasta los partidos ganados con goles con la mano, el lenguaje corporal de Aníbal no coincidió con el que suele advertir sobre las amenazas del sistema.
En resumen, a excepción de las contradicciones del jefe de Gabinete, predominan dos grandes posiciones: los defensores de la boleta electrónica que abogaron por la velocidad como principal atributo y los detractores de la misma que la criticaron por las graves fallas de seguridad. Sin dudas un dispositivo destinado a elegir a los representantes del pueblo debe, más allá de las posturas encontradas, garantizar ambos atributos y, sobre todo, despegar cualquier tipo de duda en cualquiera de los actores que participan del proceso electoral.